Venganza




Eran tres: Iván, Noelia y Susana. Ninguno sabía que iban a morir, aunque uno de ellos tendría suerte y tendría la opción de salvarse. Obviamente de haber sabido lo que ocurriría al final de aquella mañana, habrían evitado ir al trabajo. Pero no.
Iván y Susana solían quedar para llegar juntos al trabajo, así el viaje resultaba más ameno. Juntos, atravesaban la ciudad madrileña, hasta llegar al viejo barrio de Canillejas.
Noelia se les unía después, para desayunar.
Aquella fría mañana de noviembre todo transcurrió como debía ser habitual. Los chicos trabajaban en un call center, emitiendo llamadas de una importante operadora de telefonía. Las horas se sucedían lentas, una tras otra, como si de una pesada losa se tratara y Susana ya no podía más.
Tan sólo eran las 10:30 de la mañana y ya la habían cambiado unas diez  veces, entre la emisión de una campaña y la recepción de otra. La joven tiró los cascos sobre la mesa y se levantó, corrió hacia el baño, con los ojos bañados por las lágrimas.
Sus dos compañeros no se fijaron en ella, Noelia atendía sus llamadas e Iván andaba de acá para allá con comunicados del jefe.
Susana se encerró en el cuarto de baño, que disponía de varios cubículos con sus respectivos retretes. Y estuvo un buen rato, el suficiente como para pasar desapercibida.
La plataforma bullía entre murmullos, el sonido de los teléfonos sonando y las teclas de los ordenadores repiqueteando sin cesar. Nadie sospechaba nada. Nadie lo imaginaba, sin embargo, el peligro acechaba tras la puerta principal.
El asesino tenía una apariencia de lo más normal, sin un deje de locura en los ojos. El arma, oculta entre su jersey y el pantalón, se trataba de un simple cuchillo de cocina, bien afilado, para que así rasgara mejor la carne.
Él puso su tarjeta sobre la columna de metal que terminaba en un torno, que accedía a dicha plataforma. Nadie que no trabajara en aquel lugar podía entrar. Por eso le fue tan fácil.
No tenía ningún objetivo principal. Porque los odiaba a todos y cada uno de ellos. Tanteó unos segundos, mirando a su alrededor, buscando a su víctima. A su derecha se encontraba el sitio vacío de Susana, él suspiró, imaginando lo que supondría. Volvió la mirada a su izquierda… Nadie en particular se merecía especial atención. No fue hasta que volvió a mirar de frente cuando los encontró.

El asesino pensó en matarle a él, al fin y al cabo, se trataba de un coordinador, uno de los cuáles tenían la culpa del estrés que se sufría en la plataforma. Sin embargo, tomó la decisión de reservarle para después. La agente que lo acompañaba, que no era otra que Noelia, sería la primera en probar el frío acero del metal...

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¿Qué os ha parecido? si queréis más ya sabéis, dejar un comentario y leeréis la continuación...

Buenas noches, dulces sueños... Alezeia

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